Comenzó la cosa con gracia. Continuidad en la narrativa de la anterior gala, con buenos chistes y un Buenafuente pletórico. Rompió la dinámica gratamente un número musical de Luis Tosar y algunas estrellas televisivas que por primera vez no daba grima. Todo un hito. Pero a partir de ahí la cosa comenzó a decaer, no sólo en ritmo, también técnicamente. Qué fallo garrafal presentar a Mario Camus como Federico Luppi, o el momento de recordar a los fallecidos con una cámara difusa que no dejaba ver al espectador los nombres y rostros de manera nítida. ¿Es ese el homenaje también del realizador de la gala a la calidad de las películas ilegales descargadas de estreno?, porque podía haber escogido otro momento.

Este sabía que se lo iban a dar. Nosotros también. Emocionante, señora.
¿Y por qué digo esto último?. Porque la crispación por el tema de la descargas impregnaba el teatro. Iciar Bollaín posaba arrogante, cosa que nunca hubiera esperado de la directora de “Te doy mis ojos”. González-Sinde miraba desafiante, sabedora de que su palabra es ley, caudilla de las ideas antediluvianas sobre el negocio audiovisual. Álex de la Iglesia marcó su discurso sobre el tema, y palabra por palabra dejó al fin caer su teoría sin que ningún casposo productor le interrumpiera. Y no faltó ni un milímetro a la razón. Pero Ángeles, con el juego político de su lado, respondía con la media sonrisa del fiscal al ver el alegato del seguro condenado.

Aquí la Bestia y el Bello, metafóricamente hablando.
Noche del pan negro, sin duda, porque el futuro no podía ser peor. La industria apoya una ley que no deja crecer a la industria, rechaza a un usuario que busca alimentar a la industria, se cierra a un medio de comunicación que alimentaría a la industria, condena una actitud que apoya a la industria. La industria, la puta industria, está ciega de dinero rápido, y lo celebra con una gala llena de altibajos, demasiado larga, que no ha sabido rescatar momentos emocionantes y no ha exprimido del todo un humor latente pero no visible, por más que lo intentaran algunos.
Lo del año pasado fue un espejismo. Aquí se vuelve a aburrir.


Cagonmimadre, mu güena la crítica!!!! Non me emociunaban tantu dende el conciertu’los berrones n’xixón!!! y faen cuatru o cincu vranus!!! charrán, ponme un bacardí pesi!
Perfecta crítica.plas plas